Encontré este maravilloso texto en algún sitio y ahora comprendo mejor la situación que vivieron muchas de las personas que hoy se gradúan .. Ahora mas que nunca LOS FELICITO, por no darse por vencidos por su bella VOCACIÓN y esto continua.. ;) Ahora y siempre el MAYOR de los éxitos en su nueva vida de MIPS.
--> De esos días en que te preguntas ¿Qué estoy haciendo y porque lo hago?, de esos tiempos en que te dices a ti misma ¡Ya deja todo a la suerte! ¿Para qué te esfuerzas? Si hay tanta gente a la cual el destino les dio la gran vida sin que ellos movieran un dedo, y tu aquí en una ciudad inmensa, que no es tu tierra, que no es tu gente, que no hablan como tú, que ven futbol y no basquetbol o beisbol, que no saben el significado de la palabra “bichi”; alejada de tu familia en un departamento que lo único que encuentras, cuando regresas cansada de la escuela, del trafico, de la vida acelerada y en ocasiones cansada de algunos compañeros de la escuela, es una lista enorme de cosas por hacer, que si estuvieras en casa, tu mamá ya te hubiera solucionado sin conflictos; te encuentras con un comedor vacío, una cocina sucia con olor a nada, la cama deshecha etc, etc y es cuando llega esa preguntita ¿Qué hago? ¿Comer, dormir, limpiar o estudiar? Si hago de comer con suerte y me quede rica la comida, me lleve unas 2 o 3 horas, me siente en ese comedor vacío, que más bien parece escritorio lleno de libros, computadoras y papeles, y comparta mis alimentos con el silencio de la casa, después de esa poco interactiva comida, tendré que lavar los platos y limpiar la cocina y muy probablemente me tome 30 minutos o más.
¿Y ahora?¿Estudiar o dormir? Pues ya estás aquí, tu quisiste entrar a esta carrera, hasta insististe en varias universidades para conseguir un lugar que se disputa entre miles de personas, que al igual que tu quieren un futuro favorecedor. Tu quisiste cambiar la fiesta por las noches de estudio, los viajes por los días de guardia, los amigos por los compañeros, a tus padres por los maestros, tu casa por el hospital; ¡Pero nadie te obligo a hacerlo!, ¡Fue tu decisión! , la decisión que te llevó desesperadamente a desahogar tus sentimientos, a plasmar tus pensamientos en estas cuantas hojas de papel que muy pocas personas podrán leer, porque así como tu cambiaste, tu letra también cambió, de ser el claro ejemplo de una escritura alineada, redondeada que distinguía mayúsculas de minúsculas, termina siendo un trazo electrocardiográfico alterado, seguramente de un paciente con fibrilación ventricular.
La famosa decisión que muchas personas trataron de persuadir ¡Estudia algo más fácil mijita!, ¡Es puro sufrimiento!, ¡Puedes ganar mucho dinero en cualquier otra carrera!, ¡Los negocios son el futuro!; ¡Pero no!, en lugar de escuchar y darles la razón, esas palabras y advertencias crearon un monstruo, un argumento, un reto personal, un capricho, una visión, una meta ó cómo quiera que se llame; pero un mismo fin, encaminado hacia un mismo lugar, con un solo destino.
¿Alguna vez pensaste lo sacrificado que sería el camino?, ¿Te imaginabas que a los 19 años ya te ibas a preocupar por pagar la luz, el teléfono, el internet, el agua, el gas?, ¿Te imaginabas pensando que ibas a hacer de comer hoy o que ibas a comprar en el súper?, ¿cómo le ibas a hacer para que tus $200 pesos que llevas en la bolsa alcancen para sobrevivir toda una semana?, Porque a ti nunca te enseñaron administración del hogar, la única cosa que administrabas era el dinero que te daban para comprar en la tiendita de la escuela y cómo usarlo para comprar más cosas con menos dinero; pero eso ha cambiado, ahora te cuestionas cómo ése dinero podrá comprar el detergente, el jabón para los platos, para el piso, para el baño, para las manos y todos los productos que no conocerías si hubieras elegido una carrera que se impartiera en la universidad de tu ranchito, cerca de tu familia; en donde sí tendrías un comedor lleno, una cocina con olor a comida, una cama tendida, un piso limpio, una sonrisa y un ¿Cómo te fue? al llegar, si te va bien un abrazo y un beso; y compartir la mesa con personas a las que les interesa que te alimentes, que les importa cómo estuvo tu día o que al menos se hagan las interesadas. Cerca de tu tierra, en donde no te perderías la primera comunión de tu hermana, el día de las madres, el cumpleaños de tu abuelita, la presentación del baile de tu hermana y cuanto evento se presentara y que en años pasados hubieras pagado por no ir.
¡Y qué decir de tus amistades de toda la vida!, ¿Dónde están ahora?, ¿Estarán sintiendo lo mismo que tú?, a lo mejor ellos ya tienen un trabajo, ya están por comprarse un carro porque su decisión fue una carrera más corta, pero no con menos valor que la tuya, en donde quizá ganen más dinero que tú. O quien dice y ya están comprometidos y en planes de boda y tú te preguntas ¿Qué es boda? ¿Y eso con que se come?, ¿Va antes o después del servicio, ó durante la especialidad?, ¿Especialidad? Ja!, si es que corres con la misma suerte de ser el elegido de entre miles de médicos que al igual que tú busca un futuro favorecedor.
Y vuelvo a la pregunta ¿Qué estoy haciendo y por qué lo hago?, ¿Soy masoquista?, ¿Me gusta sufrir? Entonces es cuando corro a la cocina, agarro la balanza y del lado izquierdo pongo una sobre otra, cada una de las palabras que en un arrebato plasmé en este escrito y luego corro a mi cuarto y comienzo a buscar debajo de mis libros (de 10 kg cada uno, los cuales torturan mi espalda), hago a un lado el montón de exámenes, papeles, historias clínicas, estuche de diagnostico, estuche de disección, pero no encuentro nada; hasta que ahí, en el espacio más polvoriento de mi habitación, dentro de la misma maleta compañera del inicio de esta travesía, me encuentro con la respuesta a mi pregunta, con el contrapeso de la balanza, encuentro el consuelo de mis angustias, la razón del sacrificio.. y ahí están, cubiertas de una sabana de polvo, las ocho letras que forman esa palabra con tanto peso, capaz de llevar mi balanza hacia la derecha, la VOCACIÓN.
Esa simple palabra que me llevó a convertirme en ama de casa, padre de familia, señora de la limpieza, administradora, chef; esa palabra que me saco del circulo de confort en el que vivía, que me coloco en el camino largo y difícil, la palabra que me abrió los ojos y me enseñó nuevos lugares, nuevas costumbres, que me encontró con personas que hoy en día son muy importantes en mi vida; esa que me motivó y que le dio una razón a mis desvelos, a mis preocupaciones.
Y ahora veo que no importaron los ríos que tuve que nadar en el camino, ni las piedras con que tropecé, ni el hambre, ni el frio, ni el calor o si alguna vez tuve que correr hasta perder el aliento o refugiarme bajo un árbol de la lluvia, o huir de algo o de alguien, no importa si aun siento miedo o angustia o si vuelvo a tener días como éste. Miro hacia atrás y el camino áspero, vacío, oscuro se ha convertido en un jardín lleno de flores de muchos tipos y arboles grandes y frondosos en dónde pudiera quedarme a descansar y mirar el enorme cielo azul, porque me doy cuenta que lo que a muy duras penas he sembrado ya está dando frutos, porque mi cuerpo está lleno de nuevos conocimientos, nuevos sentimientos, nuevas inquietudes, nuevos retos y ahora no quiero seguir un solo camino, quiero crear muchos, porque me intriga lo que puedo hacer, hasta donde puedo llegar, porque sé lo que anhelo y sé lo que puedo soportar, porque soy dueña de esa palabrita que muchas veces he dejado olvidada dentro de esa maleta, mi vocación.
Porque las ganancias son muchas, porque mi trabajo se pagará con tiempo, con años de vida que le regalaré a las personas, para que ellas al igual que yo, también sigan creando su propio jardín. En hora buena mi capricho, mi reto personal, porque ya sé donde estoy y hacia dónde voy, porque puedo ver el camino en el que voy pero no veo el final. ¡La aventura apenas comienza!
De Luisana Aldaco Cota
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