16 dic 2013

Dos tazas de café, por favor.

Hoy hice un nuevo amigo, ninguno de los dos podíamos hablar, el por alguna enfermedad con la cual ha lidiado desde su nacimiento y yo por enfermar mi cuerpo a causa de los excesos.

No lo conocía, ni el a mí. Quizás no lo vuelva a ver nunca.

Solo fue una de esas coincidencias de la vida, dos seres que acuden al mismo sitio, a la misma hora… mientras yo sujetaba la esperanza de que algo bueno pasara, el llego ahí ya sin una gota de esta, la había derramado toda en su trayecto hasta llegar ahí.  La esperanza es difícil de atrapar, sobre todo en estos tiempos que todo el mundo la requiere.

Todos necesitamos un momento a solas, yo estaba planeando un escape a Las Vegas, ir a tirar algunos de los dólares ganados con el sudor de mi frente en algún casinito… sentir que puedo hacer eso. Creo que eso es solo una de las tantas cosas que uno puede hacer para sentir que el trabajo está dando frutos y liberar el estrés… “Ey trabajo día a día para esto”.

En otras ocasiones tirar el dinero comprando alcohol es suficiente, pero no hoy y vaya que invertí este fin de semana en ambientación. 

Ahora que lo pienso suena absurdo y sin duda lo es... pero dígame amable lector ¿que no lo es?.

Regresando al tema, supongo que mi alma, mi yo interno necesitaba un remedio más drástico, mi estado emocional se encontraba más dañado de lo acostumbrado y por ahí tantas preguntas porque aun desconozco el motivo del daño.

¿Que fue esta vez, corazón? ¿Qué piezas están faltando?

Cuando uno es la re-integración de cientos de pedazos que más de una vez quebraron se aprende a detectar con mayor facilidad que algo sucede, algo no marcha bien ahí adentro. Se requiere un momento para conversar con uno mismo, meditar. Lo difícil es que con los años cada destrozo es más doloroso, cada herida más profunda, cada emoción más fuerte y las cicatrices más notorias.

Las piezas del rompecabezas que forman el corazón ya no están completas. De algunos abrazos no se regresa completo.


Cuento todo esto para al final decir que se tan poco de la vida que jamás pensé encontrar piezas de mi corazón que estaban perdidas en manos de un desconocido. No pudimos pronunciar palabras en absoluto pero contamos toda nuestra vida en cada sorbo de café.


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