De Mauricio Chicho Bautista Moncada.
"La falsa liberación de la mujer":
Donde la libertad no significa acostarse con todos o beber hasta emborracharse....
Una verdadera mujer: es capaz de sentir en lo más hondo, cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Una mujer verdadera se indigna con más frecuencia, concibe preguntas todos los días, grita más fuerte, llora más alto, desea con más ansias, quiere más resuelta, siente más profundo. Una verdadera mujer sabe mirar más allá de la estética preconcebida por las revistas de moda y concursos de mercancías mujeriles, porque es más femenina que las determinaciones del mercado. Una verdadera mujer sale a parir las jornadas con sus botas de campaña, el segundo sexo en su espalda, la libertad en los labios, las razones debajo de sus cabellos. Una verdadera mujer es más hermosa que las muñecas de plástico, más atractiva que los destellos de los fugaces reflectores, más sensual que los caprichos tendenciales del momento. Una verdadera mujer huele a tierra, montaña, río, flores silvestres, soles de inviernos, ecos del jardín, frutas del caribe. Una verdadera mujer siente más y gasta menos, sonríe desde los huesos, besa hasta el delirio, se entrega sin equipajes de mano ni reservas de divanes de cuero. Una verdadera mujer siempre está dispuesta al romance sin importar la incitación de los manuales de la familia y los hogares prominentemente seguros y a salvo. Una verdadera mujer hace el amor con el corazón puesto al lado izquierdo de la cama y su alma colgada sobre el dosel. Una verdadera mujer es el eslabón doblemente más alto de la especie humana, y no hacen falta muchas más razones para amarla hasta la locura, hasta el cosmos, hasta la muerte, hasta un millón de veces más allá del infinito.
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