13 dic 2016

Desde el cielo



Justo como cuando de pequeño volteabas al cielo a buscar las luces de los aviones que pasaban sobre ti. Levantabas la mano en gesto de saludo, gritabas "adiós", sonreías... Sonreías tan fuerte como podías para que tu voz se escuchase desde la tierra hasta el cielo, para dejar de lado la mortalidad y volverte infinito.
No puedo dormir durante los vuelos nocturnos, tampoco por la madrugada, siento el profundo deber de voltear a tierra e intentar identificar los edificios decorados por las luces, a veces lo logro y otras veces no, pero más que observar edificios, siento una profunda necesidad de estar alerta por si en una de esas uno de esos niños, allá en la tierra, está agitando su manita para saludar. No me perdonaría no devolver el saludo. 
Así son las horas en el cielo, profundas, impacientes, ansiosas... cada partida, cada llegada se convierte en una historia que contar. 
Algunas veces se viaja solo, algunas otras te acompañan las lágrimas, durante otras la emoción de descubrimiento, un mundo nuevo y también en algunas una memoria llena de tu ciudad natal o la ciudad donde amaste la vida. Me gusta volar a lado de la oportunidad.
Si guardas silencio y con un poco de atención te percatas de ya no ser el mismo, en tu mente llevas ahora pedacitos de un nuevo sitio, cachitos de personas, mas piezas de rompecabezas que arman el corazón.


Les escribo desde el cielo porqué no puedo dormir,




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