Las palabras se hacen paraíso y las promesas se
quiebran por todas las veces que no las cumplí.
Una vez prometí que escribiría, por lo menos, un párrafo
diario y que así con el paso de un año tendría 365 páginas que compartir. Prometí
hacerlo el primer día del año, pero el tiempo y yo no coincidimos, aún sigo debiéndole
tiempo a la vida por todas las veces que me aproveche y me adelante a las
circunstancias.
Entonces para no sentir que rompía una promesa le
dije a mi mente que cualquier día es bueno para iniciar a cumplir lo que me
prometo.
En otra ocasión, prometí inscribirme y asistir a un
gimnasio para ejercitar mi cuerpo, todo antes de cumplir 30 años, ya saben lo
que dicen que después de los 30 no hay marcha atrás y que el metabolismo, el
chocolate, que si esto y aquello. Aun me quedan un par de años antes de que la
edad me alcance, por lo que decidí quebrar esa promesa también, o bueno... le
llamaremos "postergar".
Creo que algún día prometí no sentir tanto, no
querer tanto, no pensar TANTO... obviamente tampoco lo cumplí. ¿Qué es la vida
entonces si no un puñado de emociones, experiencias y de promesas sin
cumplir?
Si no tuviera pendientes de vivir apuesto a que
el señor tiempo ya se hubiera molestado conmigo. Uno debe inventarse maneras de
persistir.
Prometí disminuir mi consumo de café, al cappuccino
mocca de hoy le dibujaron un corazón sobre la espuma.


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