22 feb 2018

La casa de los abuelos

En la casa de los abuelos éramos un montón.

Mi abuelo Manuel y mi abuela María tuvieron 8 hijos, 4 varones y 4 mujeres, entre estas últimas mi madre. Mi madre es la primogénita, la hermana mayor, la más pequeña de estatura. A veces creo que desde antes de nacer ya estaba ahorrando y compartiendo por eso dejo centímetros para repartir entre sus hermanos.

En la casa de los abuelos jugábamos todo el día. Ellos dieron un significado al día domingo, los 22 primos sabíamos que el domingo era momento de ir con fuerza porque las actividades no iban a cesar hasta llegada la noche.

El día iniciaba a las 6:00 a.m. asistiendo a misa a dominical, no hay nieto que mi abuelita (que no le gustaba la llamaran así) no sacara de la cama y llevara soñoliento a la iglesia. Algunos así aprendimos a “pasear en camión”, los nombres de las calles de Ciudad Obregón desde la California hasta la calle Durango, donde se encuentra el santuario de Guadalupe.

Otros conocimos “el tianguis”, lo que en el norte conocen como “sobre ruedas”. Mis primos que crecieron en Tijuana cuando eran pequeños causaban esa confusión con los distintos nombres que se le da al tianguis, segunda, sobreruedas, swap meet, pero es la misma, solo que deberían llamarle “sobre pies” porque uno recorre kilómetros caminando.

En la casa de los abuelos nos presentaron a Dios, la fe. El amor también creció gracias a ellos. Mi abuelo fiel devoto de Santo Niño de Atocha, mi abuela de la Virgen María, la quería y en parte chiquita era porque llevaban el mismo nombre, solo que si la ven allá en el cielo no le digan que les dije.

En la casa de los abuelos nunca faltaba alimento ni mesa para sentarse a comer. Una vez me contaron que mi abuelo en sus excursiones pidió todos los muebles en otro lugar del país y los mando traer. Creo que si era algo influyente... por cierto, el me enseño que uno siempre obtiene lo que quiere, el trabajo constante e inteligente siempre es la respuesta. Y cuando uno no obtiene lo que quiere pues es porque no se deseaba tanto como para hacer el esfuerzo y el trabajo extraordinario.

Mi abuela por su parte nos enseñó a no malgastar, al buen comer, buen vestir, bien lucir, al ser pulcro en el trato, usar medias porque las damas son las que usan medias para distinguirse de las mujeres... aaah y las cremas faciales para que no aparezcan las arrugas, jamás!
Mi mamá cuenta que cuando yo iba a nacer mi abuela (perdonen no me acostumbro a llamarla abuela), mi Lila, le aconsejo siempre tener la pañalera, bolso o maleta lista para cuando el marido preguntara ¿Vamos? poder responder sin titubear: ¡Vamos!

En la casa de los abuelos solíamos reunirnos cada navidad, cada año nuevo hasta el año que mi abuelo enfermo. Recuerdo ese año nuevo como el último... el último en muchas emociones y acciones.

Mi abuelo se ausento de la casa a la edad de 83 años, el mes de marzo, antes de iniciar la primavera 2002.
Mis abuelos compartieron 50 años de matrimonio.
Mi abuela se ausento a la edad de 84 años, durante el mes de enero, hoy, en pleno invierno 2018.

Mi abuelo de Movas, Sonora. Mi abuela de Zacoalco, Jalisco.

Se conocieron entre los años de la construcción de la presa Álvaro Obregón, en Oviachi, Sonora. Mismo sitio donde tuvo lugar el nacimiento de mi madre.

En la casa de los abuelos me enseñe a leer, escribir cartas, a sonreír, amar, cantar y gusto por el mariachi, toda la música, ocuparme de los problemas, a trabajar, la enfermedad, que la abundancia no está en el dinero o los bienes materiales... esa no cuenta, puedes tener abundancia de bienes y carencia en el corazón. Fue ahí donde aprendí a vivir una vida y crear cientos de historias para tener que contarles a mis nietos cuando estos nazcan.

Foto de la última vez que estuvimos todos juntos, previo a la ausencia de los abuelos
En la casa de los abuelos ahora puedo presentarles soledad en todo su esplendor. Uno a uno nos fuimos olvidando de ella, de la casa también. Los nietos a casarse y dar bisnietos, los padres se convirtieron en abuelos y los que no nos casamos nos fuimos de la ciudad. Nadie y todos ausentes. Nadie y todos familia. Nadie y todos extraños.

En la casa de los abuelos a partido a otro lugar el alma del hogar, ahora es libre para correr a donde siempre quiso, a donde siempre soñó, a lado de quienes amo.

Un hermoso caballo blanco que salió un día de Guadalajara.

En memoria de María Agripina Guerra Preciado.

15 de Enero de 2018
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